¿QUÉ ES EL COCHAYUYO?

Cochayuyo es un vocablo quechua (lengua del norte de Chile y Perú) que significa hierba acuática. Da nombre a un vegetal marino, una alga de grandes dimensiones, que la naturaleza ha ofrecido como alimento durante siglos a muchas comunidades indígenas del sur del continente americano. El nombre científico del cochayuyo marino es el de Durvillaea antarctica. Pertenece a la familia de las Phaeophytas o algas pardas, y entre ellas a las de mayor tamaño, llegando a alcanzar hasta 15 metros de largo. Crece a lo largo de la costa, adherida a las rocas, especialmente en zonas de mucho oleaje y aguas frías.
El cochayuyo se diferencia de las otras algas que se comercializan habitualmente en nuestro país por su especial volumen y su consistencia carnosa, elástica y firme, que le dan más el aspecto y la textura de una seta que el de una verdura marina.

Historia y cultura del cochayuyo

Es una de las algas que durante siglos ha formado parte de la economía de las comunidades indígenas cercanas al mar, en especial de los lafkenches (mapuches que viven en la costa) del sur de Chile. Estos recolectores que todavía perduran repiten anualmente el rito de la extracción del cochayuyo y de la trashumancia para venderlo en la gran ciudad. Los cochayuyeros u hombres del cochayuyo como se les denomina, con el dinero obtenido de su venta ambulante, cubren sus necesidades de vestido, calzado o alimentos no habituales en su entorno.
Una parte de la recolección del alga también se utiliza desde hace siglos como material de intercambio con comunidades cercanas. Entre los mapuches el cochayuyo, junto a las patatas es un alimento básico en su dieta. A veces lo mastican crudo tal como queda después de secado, como si de una goma de mascar se tratara.

Composición nutricional del cochayuyo

El cochayuyo es una fuente de proteínas de buena calidad. Su aporte por 100 g, 11,26 g, es superior al de cereales como el maíz, el trigo y el arroz. Contiene todos los aminoácidos esenciales en cantidades respetables, formando estos el 47% del total de su proteína. Destaca entre sus aminoácidos la gran cantidad (1,8 g por 100 g) de cistina, potente desintoxicante del organismo.

Es un alimento muy rico en minerales y oligoelementos, especialmente en magnesio (1.010 mg por 100 g), calcio (1.160 mg por 100 g), hierro (30 mg por 100 g), azufre (1.040 mg por 100 g), yodo (490 microgramos por 100 g)... La cantidad de yodo es suficientemente equilibrada como para poderlo consumir de forma diaria.
Su contenido en grasa es casi nulo (0,27 g por 100 g) y moderado en carbohidratos asimilables (8,67 g por 100 g).
Es una muy importante fuente de fibra (carbohidratos no digeribles) de buena calidad, 47,5 g por 100 g, de los cuales entre 30 y 40 g son de algina o ácido alginico, uno de los más potentes desintoxicantes del organismo.

Cochayuyo y dieta equilibrada

En la sociedad moderna en que vivimos los desequilibrios alimentarios son la gran causa de enfermedad y mortalidad (cardiopatía, cáncer, arteriosclerosis, hipertensión, diabetes, obesidad...). Por un lado tomamos en exceso proteínas y grasas animales, hidratos de carbono refinados (azúcar, bollería...), sal refinada..., y por otro tenemos déficit de fibra, vitaminas, minerales y oligoelementos.
Hemos visto la buena calidad de sus proteínas de origen vegetal, que nos ayudaran a disminuir el aporte de proteína animal; su escasa presencia de grasa que compensará el exceso que tomamos con el resto de alimentos; su elevada cifra de fibra que facilitará el tránsito intestinal; y su enorme riqueza en minerales y oligoelementos, que junto a una cantidad interesante de vitaminas suplen la carencia de estos nutrientes en la dieta habitual. Además hemos de recordar que estamos ante un alimento que se encuentra en la base de la pirámide alimentaria.
Por todo esto el cochayuyo es ideal, además de para equilibrar la dieta habitual, para consumir de forma regular en aquellas etapas de la vida en que se producen grandes cambios y se precisa un gran trabajo enzimático, donde vitaminas y minerales son esenciales: infancia, pubertad, embarazo, menopausia y vejez.

Cochayuyo y salud

Una dieta correcta es una buena inversión. Todos conocemos el aforismo hipocrático que dice “Que tu única medicina sea tu alimento, y que tu alimento sea tu medicina”. Por lo tanto aunque formalmente no se reconozca, los alimentos pueden curar y enfermar. Desearía que este concepto quedara claro en el sentido de la importancia que tiene una buena alimentación. Sin embargo no me gustaría en absoluto potenciar la idea de alimentos medicamento o milagro. Un único alimento es una pequeña parte de un conjunto que es la dieta diaria. Uno puede tomar un muy buen alimento pero destrozar su efecto con el resto de ingredientes. Por lo tanto creo que lo correcto sería hablar de dieta sana o terapéutica, o dieta desestabilizadora de la salud.
Dicho esto, teniendo en cuenta que no vamos a hablar de un alimento milagro (no existen), destacaremos las aportaciones terapéuticas que puede hacer el cochayuyo al conjunto de la dieta.
- En dietas de control de peso, por su casi nulo aporte de grasa y su riqueza en yodo que acelera el metabolismo y fibra que retiene líquido en el aparato digestivo y reduce el apetito.
- En pacientes con cifras altas de colesterol, ya que la fibra del cochayuyo atrapa el colesterol e impide su absorción en el intestino.
- En dietas depurativas, o en casos de medicaciones crónicas (antiinflamatorios, corticoides, antidepresivos, quimioterapia...), por el poder depurativo y desintoxicante del ácido algínico y la L-cisteína. Por este mismo motivo es útil en casos de envenenamientos o exposiciones a metales pesados o a sustancias radiactivas (sustitución de amalgamas de mercurio por empastes de resina...)
- En casos de acidez de estómago y gastritis, por la acción antiácida de los mucílagos al retener jugos gástricos entre sus fibras.
- En trastornos hepáticos y alcoholismo, por el efecto protector hepático de la L-cisteína y su capacidad para neutralizar los residuos que deja el alcohol en la sangre.
- En el estreñimiento, por la cantidad de fibra que hace que las heces sean más voluminosas y blandas, facilitando así su evacuación.
- En casos de síndrome premenstrual relacionados con el estreñimiento y el déficit de magnesio, por su riqueza en este mineral y en fibra.
- En la prevención del Bocio o en patología por falta de yodo (hipotiroidismo), por el importante aporte de yodo que significa su consumo.
- En personas con problemas cardiovasculares y con riesgo de generar trombos o embolias, como pacientes con circulación lenta, con sangre espesa por exceso de grasas y proteínas, con placas de ateroma etc. por su efecto anticoagulante y antitrombótico.
- En personas con procesos respiratorios que comportan acumulo de mucosidades, ya que la L-cisteína del cochayuyo tiene una acción mucolítica.
- En problemas dermatológicos y alérgicos (acné, eccemas, psoriasis...) por su poder depurativo y por su riqueza en azúfre.
- Para fortalecer pelo, piel y uñas, fundamentalmente por su alto contenido en calcio, azufre, yodo, hierro y magnesio, además de su aporte en silicio y cinc, elementos constituyentes de estas partes del organismo. También es útil el cochayuyo en situaciones de déficit de calcio por falta de aporte, como puede ser la osteoporosis o la caries.
- En dietas revitalizantes o reconstituyentes, en niños, embarazadas, ancianos, y en casos de anemia, por su generosa composición en minerales y oligoelementos como el calcio, el magnesio, el hierro, el yodo... y su nada despreciable cantidad de proteínas.
- En aquellas personas que quieren enriquecer su dieta con nuevos sabores y nuevos ingredientes sanos.
Las personas con hipertiroidismo (compensado con medicación) si consumen cochayuyo lo han de hacer con moderación. Los hipertensos pueden tomarlo con tranquilidad ya que es un regulador de la tensión arterial.

Los alginatos de la Durvillaea antarctica y otras algas pardas.
La función desintoxicante del ácido algínico.

MATEO MAGARIÑOS VIDAL. Dr. En biología aplicada. Nutricionista.

A principio de los años sesenta, luego de una década y media de ensayos nucleares en la atmósfera por parte de las potencias militares que llegaron a poseer la bomba atómica y de hidrógeno (EEUU, la Unión Soviética, el Reino Unido, Francia y posteriormente China comunista), la acumulación de diversos radioisótopos en las capas altas de aquella y su inevitable descenso a la tierra (“ radioactive fallout “), debido a dichas explosiones, llegó a niveles sanitariamente escandalosos y políticamente intolerables (provocando una verdadera epidemia de cáncer –sobre todo de huesos y de la médula espinal- y de leucemias, en su mayoría infantiles). El Gobierno de los Estados Unidos y, en menor grado el de Gran Bretaña, decidieron consagrar fondos importantes a la búsqueda de una forma de “antídoto“, o sustancia que pudiese neutralizar o eliminar del organismo los isótopos radioactivos más abundantes y/o peligrosos : principalmente el estroncio 90, pero también el cesio 137, el rutenio 106 y el iodo 131, sin olvidar el peligrosísimo plutonio 238 y 239. En ese contexto, C. Skoryna y sus colaboradores del Instituto de Gastroenterología de la Universidad Mac Gill (Montréal, Canadá), demuestran en 1964-65 que el ácido algínico previene de manera determinante la absorción del estroncio 90 a nivel intestinal… De entonces en adelante, este mismo equipo y otros, vinculados o no entre sí, extienden la demostración a otros radioisótopos (cesio, rutenio, bario, radio, cobalto, iodo) y a diversos metales pesados no radioactivos pero igualmente, aunque de otra forma, muy peligrosos y contaminantes (plomo, cadmio, mercurio, aluminio, entre otros). Es más: se comprueba que la acción del ácido algínico no es sólo preventiva ; también es curativa, depurativa. El proceso curativo y depurativo, naturalmente dura mucho más tiempo (pueden ser meses) ; el plazo es mucho mayor que en el marco de una acción preventiva pero el resultado final obtenido es el mismo: el ácido algínico, administrado per se o, mejor aún probablemente, bajo forma de un consumo regular, asiduo, del alga en su integridad biológica, limpia el organismo de escorias que con una alimentación convencional hubieran permanecido en él por años, décadas o… definitivamente, con los consiguientes y múltiples perjuicios, en último término fatales.
El cochayuyo (Durvillaea antarctica) aparece junto con otras cinco macro-algas pardas en la categoría superior “Alta eficacia” en cuanto al poder de quelación o inhibición del estroncio radioactivo por su alginato de sodio.

AVISO: En estos momentos en España esta alga sólo se puede comercializar, por motivos legales, para su uso como fertilizante en jardinera doméstica.

Ilustración de Clara Yañez del Libro Flora marina de Chile central, de Alicia Hoffmann y Bernabé Santelices. Ed. Universidad Catolica de Chile. Santiago 1997.